Licenciado cantinas pegó con todo

Todo ocurrió en el domo de cobre pasadas las nueve de la noche, en el que sin alguien que abriera, las luces desaparecieron y el rugido de la multitud en su mayoría conformada por mujeres, se dejó escuchar; poco a poco el escenario se empezó a iluminar de tonos azules y rosas, dando inicio al concierto, con los acordes de El Mar, El Cielo y Tú, vistiendo el escenario de cantina western.

“México D.F., buenas noches a todos es un honor estar de regreso en el Palacio. Nos vamos con canciones cantineras, melancólicas, para corazones solitarios y revolucionarias para los tiempos que nos acompañan. Esperamos que les gusten las canciones de esta noche”. Fueron las palabras del artista después de haber interpretado El Solitario (Diario De Un Borracho), continuando con De mayor.

“Vamos a hacer algo del Viaje A Ninguna Parte” dijo Bunbury, con lo que dio inicio a La Señorita Hermafrodita; entre los aplausos de los asistentes, el piano hizo notar su presencia con la canción más coreada de la noche El Extranjero, tema con un arreglo diferente, pero que aún así invitaba de manera sutil a unos tragos.

Regresando al Licenciado cantinas, se escuchó Ódiame, para continuar con un tema casi desconocido para los conciertos en vivo, pero aún así, una de las favoritas del español, Una canción triste, la cual fue interpretada por un Bunbury sin saco y en chaleco, reafirmando lo que había dicho al principio del concierto “Ésta noche es mía”.

No Me Llames Cariño siguió el setlist y terminó con Bunbury agarrando su sombrero vaquero como torera y haciendo faenas. Continuó con Ánimas Que No Amanezca, Los Habitantes, Sácame De Aquí, Que Tengas Suertecita, De Todo El Mundo y otra de las más cantadas y bailadas a morir, . Todo esto para terminar la primera parte del show con El Hombre Delgado Que No Flaqueará Jamás.

Con la llegada del clímax, la gente sabía que volvería para cantar Infinito, canción que todas esperaban; Bunbury les daría gusto, pero antes habrían de disfrutar de San Cosme Y San Damián, con la participación de “La princesa” (Ely Guerra, quien lució un vestido largo y de color negro).

Una vez más, Bunbury se retiraba del escenario presentando y agradeciendo a sus músicos, los Santos Inocentes, sin embargo la luces no se prendieron y la gente seguía gritando “¡En-ri-que..En-ri-que!” y porque la gente lo pidió, volvió a escena para dar termino con tres temas más: Bujías Para El Dolor, Nunca Se Convence Del Todo y el gran cierre... Y Al Final.

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