Nagoro, el pueblo japonés donde los muñecos superan a los habitantes
Un lugar que se ha convertido en una atracción por su particular historia que está rodeada de escalofriantes leyendas

En el corazón de las montañas de Shikoku, Japón, se encuentra Nagoro, un pueblo que ha capturado la atención del mundo entero, por ser considerado “el pueblo de los muñecos”. Este lugar es hogar de cientos de figuras de tamaño real que superan a la población humana, algo que incluso puede causar escalofríos.
Un pueblo que se desvanece
Hace décadas, Nagoro era una comunidad próspera, pero la emigración de jóvenes en busca de oportunidades y el envejecimiento de la población dejaron al pueblo con pocos residentes. Ante la soledad y el vacío, una residente local, comenzó a crear muñecos de paja y tela para recordar a los vecinos fallecidos o emigrados.


Muñecos que cuentan historias
Cada muñeco en Nagoro tiene una historia, aunque hay muchos mitos que rodean a estos, ya que algunos dicen que estos muñecos están rellenos de huesos de algunos de sus ex habitantes.
Es una realidad que algunos representan a antiguos residentes, ya que tratan de capturar sus personalidades y roles en la comunidad, aunque otros llenan solo los espacios vacíos de la cotidianidad de este lugar como pueden ser:
- Niños emulando que van a la escuela
- Pescadores en el río
- Parejas descansando en un banco.
Entre otras actividades que eran parte de la vida ordinaria de este lugar.


Un atractivo turístico
Lo que comenzó como un acto de memoria se ha convertido en una atracción turística, pues visitantes de todo el mundo acuden a Nagoro para pasear por sus calles tranquilas y conocer a los muñecos.
Más que una curiosidad
Nagoro es más que una curiosidad turística. Es un recordatorio conmovedor de la fragilidad de las comunidades rurales en Japón y en todo el mundo. A medida que la población envejece y los jóvenes buscan oportunidades en las ciudades, pueblos como Nagoro luchan por mantener viva su identidad.
Un legado de amor y memoria
A pesar de los desafíos, Nagoro sigue siendo un lugar de belleza y tranquilidad. Los muñecos, con sus expresiones serenas y sus poses cotidianas, crean una atmósfera única, una mezcla de melancolía y encanto.
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