Revelan las verdaderas causas de la muerte de Ace Frehley, guitarrista de KISS
El artista perdió la vida en un accidente doméstico en su casa de Nueva Jersey. Su partida dejó una huella imborrable en la historia del rock

El guitarrisa Ace Frehley, de Kiss, en un concierto en Long Beach Auditorium en 1974. / Michael Ochs Archives
Fue el 16 de octubre de este año cuando se suscitó una noticia que estremeció al mundo de la música: Ace Frehley, mítico guitarrista y cofundador de KISS, murió a los 74 años, tras sufrir un traumatismo craneal provocado por una caída accidental en su residencia de Nueva Jersey. El informe forense reveló que el golpe ocasionó lesiones irreversibles en el cráneo y el cerebro, poniendo fin a la vida de uno de los guitarristas más carismáticos y revolucionarios de su generación.
Frehley fue hospitalizado de emergencia y, según trascendió, permaneció varios días bajo soporte vital antes de que su familia decidiera despedirlo en calma. Sus allegados lo acompañaron en silencio, con la certeza de que su nombre ya había alcanzado la inmortalidad que toda estrella del rock sueña.
Del Bronx al Olimpo del rock
Nacido en 1951 en el Bronx, Paul Daniel “Ace” Frehley creció entre ruidos de motores, guitarras distorsionadas y una juventud marcada por la rebeldía. En 1973, su destino cambió para siempre cuando se unió a Gene Simmons, Paul Stanley y Peter Criss para formar KISS, una banda que convertiría el maquillaje, las plataformas y las explosiones pirotécnicas en arte escénico.
Frehley, con su personaje del Spaceman, fue mucho más que un guitarrista virtuoso: fue el arquitecto del sonido galáctico que definió a KISS. Su estilo, una mezcla de riffs incendiarios, solos espaciales y presencia magnética, encendió estadios y moldeó a generaciones enteras de músicos.
En los años ochenta, tras separarse del grupo, emprendió su propio camino con Frehley’s Comet, consolidando una carrera solista que mantuvo viva su esencia: rock sin filtros, sin máscaras, sin disculpas.
Una caída que apagó la llama
Semanas antes de su fallecimiento, Frehley había alertado a sus seguidores sobre un pequeño accidente doméstico que lo obligó a cancelar parte de su gira. Nadie imaginó entonces que aquel tropiezo marcaría el principio del fin. Días después, el músico suspendió todos sus compromisos alegando “problemas médicos continuos”.
La caída, aparentemente menor, derivó en una fractura severa en la parte posterior del cráneo y un hematoma cerebral que no logró superar pese a la atención médica. Así, el hombre que había desafiado la gravedad con su guitarra encendida y sus solos de humo, fue vencido por un accidente tan humano como trágico.
El adiós de una banda inmortal
El anuncio oficial desató una oleada de homenajes. Gene Simmons y Paul Stanley lo recordaron como “una pieza irreemplazable en la maquinaria de KISS”, mientras Peter Criss habló de él como “el corazón rebelde de la banda”. En Nueva York, decenas de fanáticos se reunieron frente al antiguo club donde KISS tocó por primera vez; encendieron velas, alzaron guitarras y pintaron sus rostros con el maquillaje plateado del Spaceman.
Frehley se convierte así en el primer miembro fundador del grupo en partir, un hecho que marca el final de una era. Su ausencia deja un eco profundo, un silencio que solo puede llenarse con los acordes que dejó grabados en la memoria colectiva.
Ace Frehley no fue un músico cualquiera; fue una fuerza cósmica. Su sonido transformó el rock en espectáculo, y su figura desafió las fronteras entre lo humano y lo mítico. Con él, KISS no solo conquistó escenarios: inventó una nueva manera de vivir el rock.
Hoy su guitarra está en silencio, pero su legado continúa vibrando en cada riff encendido, en cada adolescente que sueña con hacer del ruido una forma de libertad. Ace Frehley fue, y seguirá siendo, el hombre que trajo las estrellas al escenario.

Viviana Hernández Bran
Licenciada en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón, UNAM. Creadora de contenido escrito y digital...


