“El vuelo”, de Christel Guczka: la novela inspirada en Amelia Earhart, la primera mujer piloto que desapareció sin dejar rastro, que transforma el duelo en alas
Reseña y entrevista sobre El vuelo, el libro que entrelaza mar, cuervos y memoria para explorar el duelo, la identidad y el misterio de Amelia Earhart
El vuelo, de Christel Guczka / internet
Hay libros que llegan por recomendación y otros que simplemente llegan a tu camino como si estuvieran destinados. El vuelo, de Christel Guczka, fue para mí lo segundo. No lo estaba buscando, pero terminé varios días pensando en él. Y en ella. Y en esa mujer piloto que desapareció cruzando el mundo sin dejar rastro.
El vuelo de Christel Guczka / internet
La historia parece sencilla al inicio: Estíbaliz, una joven que perdió a su madre, no termina de creer la versión oficial sobre su muerte. Su padre asegura que la encontraron sin vida. Ella, en cambio, siente que algo no encaja. Esa duda es el motor que la impulsa a investigar.
Pero lo que comienza como una búsqueda personal pronto se convierte en algo más amplio: una reflexión sobre el duelo, la memoria y el deseo profundo de libertad.
El mar como espejo emocional
Desde las primeras páginas noté una insistencia: el mar, los barcos y un cuervo que aparece de manera recurrente. Nada está ahí por casualidad.
Cuando le pregunté por esa presencia constante del océano, la autora fue clara: “El mar es una forma de manifestar las aguas tranquilas, pero también esas tormentas que levantan olas gigantes y apabullan con las emociones desbordadas. Tenía que estar presente porque ha sido mi contacto más directo desde la infancia”.
Esa imagen funciona como columna vertebral del libro. El mar no es escenario: es estado emocional. Es la calma y la furia que acompañan la pérdida.
En paralelo a la historia de Estíbaliz, se desarrolla la de Oma, un personaje que también vive dentro de un relato, y que, como la protagonista, se pregunta qué hay más allá de los límites que conoce. Ambas avanzan como si caminaran sobre la misma cuerda invisible.
Sobre los barcos y las alas, la escritora me explicó: “Los barcos son puentes que conectan la búsqueda de verdades con los sueños. Las alas, la avioneta… todos son elementos que representan la oportunidad de salir del estado de seguridad”.
Y eso es exactamente lo que hacen sus protagonistas: salir del lugar cómodo, incluso cuando duele.
El misterio que lo cambia todo
Hay un momento en el que la historia da un giro silencioso pero contundente. El lector descubre que la trama está inspirada en Amelia Earhart, la aviadora que desapareció intentando dar la vuelta al mundo.
Duelo, fragilidad y reconstrucción
Uno de los ejes centrales de El vuelo es el proceso de duelo. No como un estado estático, sino como movimiento.
“No estamos solos. A partir de nuestras fragilidades podemos descubrir el poder de nuestras propias alas”.
Esa frase resume el corazón del libro. La pérdida no paraliza a sus personajes; los empuja. Hay dolor, sí. Hay enojo e incertidumbre. Pero también hay una voluntad persistente de reconstruirse.
La autora insiste en la importancia de la vulnerabilidad: “De pronto nos dejamos enrolar en el caos y la sobreproducción, pero esas pausas, esa fragilidad, son lo que nos hace humanos”.
Esa humanidad atraviesa cada página.
Una vocación que encontró su cauce
La historia detrás del libro también tiene su propio vuelo. La escritora contó que en la preparatoria hacía ejercicios lúdicos de escritura, redactaba poemas para sus compañeras y cuentos de terror inspirados en Edgar Allan Poe. Intentó estudiar arquitectura, pero pronto entendió que su lugar estaba en la literatura.“Cuando mi primer libro de cuentos llegó a manos de un editor y lo publicó, entendí que lo que escribía no solo funcionaba en el salón de clases, sino que decía algo afuera”.
Un libro que no se termina al cerrarlo
Leer El vuelo es atravesar un vaivén de emociones: amor, tristeza, misterio, curiosidad. Es preguntarse qué haríamos ante una verdad incompleta. Es aceptar que no siempre obtendremos respuestas definitivas.Pero también es entender que, incluso en medio del dolor, podemos desplegar alas propias.
Y quizá por eso esta historia, inspirada en el enigma de Amelia Earhart, se queda. Porque no habla solo de una desaparición. Habla de la posibilidad de volar, aun cuando el horizonte no está del todo claro.Viviana Hernández Bran
Licenciada en Comunicación y Periodismo por la...Licenciada en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón, UNAM. Creadora de contenido escrito y digital en Los40 México, El Eco de LOS40 y W Radio. Activa en Radiópolis desde 2021.