Anorexia y bulimia en 2026: ¿desaparecieron estas enfermedades o solo cambiaron de forma en la era digital?
De los foros “pro-ana” a los filtros de redes sociales: la vigencia silenciosa de los trastornos alimenticios y su impacto en nuevas generaciones

Anorexia y bulimia / internet
Hubo un tiempo en que las palabras anorexia y bulimia ocupaban titulares, campañas de salud y conversaciones familiares. Eran visibles, discutidas, señaladas. Hoy, en apariencia, han dejado de ser tendencia. Pero la pregunta incómoda persiste: ¿realmente desaparecieron o simplemente aprendieron a esconderse mejor?
Lejos de extinguirse, los trastornos alimenticios han mutado. Ya no viven únicamente en clínicas o estadísticas médicas; ahora circulan en silencio entre algoritmos, tendencias estéticas y discursos disfrazados de bienestar.

Anorexia y bulimia / vadimguzhva

Anorexia y bulimia / vadimguzhva
De los blogs extremos a la estética “perfecta” de las redes
A principios de los 2000, internet fue testigo de comunidades abiertamente peligrosas. Los llamados espacios “pro-ana” y “pro-mia” compartían tips para no comer, rutinas para engañar al hambre y consejos para ocultar la pérdida de peso. Aquellas páginas, muchas veces anónimas, funcionaban como refugios para quienes buscaban validación en la autodestrucción.
Con el paso del tiempo, esas plataformas fueron eliminadas o relegadas. Sin embargo, su lógica no desapareció: se transformó.Hoy, el discurso ya no es explícito. Se presenta bajo etiquetas como “vida fit”, “hábitos saludables” o “cuerpos disciplinados”. En ese nuevo lenguaje, la delgadez extrema puede camuflarse como autocuidado, y la restricción alimentaria se normaliza como fuerza de voluntad.Las redes sociales han sofisticado la narrativa: filtros, poses y ángulos construyen una estética aspiracional que, aunque no lo diga abiertamente, sigue reforzando ideales poco realistas.Influencers, validación y la romantización del trastorno
Durante años, algunas influencers ganaron notoriedad compartiendo su relación con la comida. Algunas lo hicieron desde la recuperación; otras, sin quererlo, terminaron romantizando la enfermedad.El problema no es solo lo que se dice, sino cómo se interpreta. En un entorno donde los likes funcionan como aprobación, la línea entre visibilizar y promover puede volverse difusa.El fenómeno no es nuevo, pero sí más complejo: hoy, el algoritmo puede amplificar contenidos relacionados con la pérdida de peso extrema sin distinguir entre prevención y apología.
El cuerpo como conversación pública
Casos de figuras públicas siguen alimentando el debate. La actriz Demi Moore, por ejemplo, ha sido objeto de comentarios recientes debido a su imagen corporal, que algunos consideran excesivamente delgada.
Sin caer en juicios simplistas, ni diagnósticos a distancia, lo cierto es que su apariencia reabre una discusión incómoda: la presión estética no desaparece con la edad ni con la fama. Al contrario, muchas veces se intensifica.En ese espejo mediático, el cuerpo femenino continúa siendo terreno de escrutinio constante, donde juventud, delgadez y control siguen siendo valores premiados.¿Por qué parece que ya no hablamos de anorexia y bulimia?
Una posible respuesta es que el lenguaje cambió. Hoy se habla más de “relación con la comida”, “imagen corporal” o “salud mental”, términos más amplios que, si bien ayudan a entender el problema, también pueden diluir su gravedad.Otra razón es la normalización. Cuando ciertos hábitos se vuelven comunes, dietas restrictivas, obsesión por las calorías, miedo a subir de peso, dejan de percibirse como señales de alerta.
Pero los datos globales y la experiencia clínica coinciden en algo: los trastornos alimenticios no solo siguen presentes, sino que afectan a edades cada vez más tempranas y en contextos más diversos.
Hablar de anorexia y bulimia hoy implica mirar más allá de lo evidente. Ya no se trata únicamente de extremos físicos visibles, sino de patrones silenciosos: culpa al comer, ansiedad frente al espejo, necesidad constante de control.

Viviana Hernández Bran
Licenciada en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón, UNAM. Creadora de contenido escrito y digital...


