Barbie cae y los juguetes cambian: ¿por qué las niñas ya no están jugando con muñecas?
El auge de la tecnología transforma el juego infantil y enciende alertas sobre el impacto en el cerebro y el desarrollo
La caída de Barbie es inminente ante la preferencia del uso de tecnología por parte de niños y niñas / Gemini, Nano Banana
Hubo un tiempo en el que una muñeca Barbie bastaba para construir mundos enteros. Hoy, ese universo parece competir, y perder, frente a una pantalla táctil. La reciente caída en las ventas de este juguete no es solo un dato financiero: es una pista de un cambio más profundo en la infancia contemporánea.
De acuerdo con reportes retomados por Business Insider, la icónica línea de Mattel acumula dos años de descenso, en paralelo a una transformación radical en los hábitos de juego. La pregunta ya no es si las muñecas están pasando de moda, sino qué las está reemplazando… y qué implica eso para el desarrollo de niñas y niños.
¿Qué está cambiando en la infancia?
Durante décadas, las muñecas no solo eran un objeto de entretenimiento: eran herramientas de juego simbólico, clave para el desarrollo emocional y cognitivo. A través de ellas, las niñas ensayaban roles, resolvían conflictos imaginarios y construían narrativas propias.
Hoy, ese espacio lo ocupan cada vez más los celulares y tabletas. El cambio no es menor. Mientras el juego tradicional exige creatividad activa, la tecnología suele ofrecer estímulos ya resueltos: imágenes rápidas, recompensas inmediatas y contenido constante.
Desde la neurociencia, este giro tiene implicaciones claras. El uso temprano y prolongado de dispositivos digitales puede afectar áreas relacionadas con la atención, la autorregulación y la imaginación. En términos simples: el cerebro se acostumbra a recibir estímulos sin esfuerzo, lo que reduce la tolerancia al aburrimiento y limita la capacidad de crear desde cero.
Además, especialistas señalan que la exposición excesiva a pantallas en edades tempranas puede alterar los ciclos de sueño y disminuir la interacción social cara a cara, fundamental en los primeros años de vida.
Barbie frente a la era digital
La historia de esta muñeca, creada por Ruth Handler en los años 50, es también la historia de la evolución del juego. Durante décadas, dominó el mercado con una propuesta que invitaba a imaginar futuros posibles más allá de los roles tradicionales.
Sin embargo, el contexto cambió. A inicios de los 2000, competidoras como Bratz introdujeron diversidad estética y narrativa. Más recientemente, el verdadero rival no es otra muñeca, sino el ecosistema digital.
Aunque la marca ha intentado adaptarse, con mayor inclusión, nuevos diseños e incluso capitalizando el fenómeno cultural de la película de 2023, los números reflejan otra realidad: en 2025, sus productos registraron una caída cercana al 11%.
El dato más revelador es otro: una parte importante de sus ventas actuales proviene de adultos, impulsados por la nostalgia. Es decir, quienes crecieron jugando con muñecas siguen comprándolas… pero no necesariamente para que las nuevas generaciones jueguen.
¿Qué pasa cuando los niños dejan de jugar como antes?
El abandono temprano de los juguetes tradicionales no es un fenómeno aislado. Tiene efectos concretos:
- Menor desarrollo de la creatividad y la resolución de problemas.
- Reducción del juego libre, clave para la autonomía.
- Dificultades en habilidades sociales por menor interacción directa.
- Dependencia de estímulos digitales para evitar el aburrimiento.
En contraste, el juego físico, ya sea con muñecas, bloques o actividades al aire libre, activa múltiples áreas del cerebro al mismo tiempo: motricidad, lenguaje, emoción y pensamiento abstracto.
Volver a jugar, las ventajas de rescatar la infancia fuera de la pantalla
Permitir que niñas y niños jueguen “como antes” no es un gesto nostálgico, sino una apuesta por su desarrollo integral.
El juego en calles, parques o espacios abiertos fomenta la independencia, fortalece el cuerpo y mejora la capacidad de socializar. También introduce algo que la tecnología evita a toda costa: la incertidumbre. No todo está dado, no todo tiene recompensa inmediata. Y ahí, precisamente, ocurre el aprendizaje.
Por el contrario, el uso excesivo de dispositivos móviles a edades tempranas se asocia con sedentarismo, menor capacidad de concentración y una relación más pasiva con el entorno.
Viviana Hernández Bran
Licenciada en Comunicación y Periodismo por la...Licenciada en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón, UNAM. Creadora de contenido escrito y digital en Los40 México, El Eco de LOS40 y W Radio. Activa en Radiópolis desde 2021.