¿Es posible que en el futuro el amor se compré y se viva a través de una suscripción virtual tal cual lo plantea ‘“Boyfriend on Demand”, el K-drama de Jisoo de Blackpink?

Esta serie no solo habla de romance y realidad virtual, también abre una inquietante pregunta sobre el futuro de la inteligencia artificial y las relaciones humanas

¿Estamos cerca de vivir relaciones virtuales como en Boyfriend on demand?

¿Estamos cerca de vivir relaciones virtuales como en Boyfriend on demand? / internet

La idea de enamorarse de alguien que no existe ya no suena tan descabellada como hace algunos años. Mucho menos en una época donde la inteligencia artificial, la realidad virtual y los algoritmos conocen nuestros gustos incluso antes que nosotros mismos. Y justo ahí es donde entra “Boyfriend on Demand”, el nuevo K-drama protagonizado por Jisoo, integrante de BLACKPINK, una serie que lejos de ser únicamente una historia romántica, termina convirtiéndose en una inquietante reflexión sobre el futuro emocional de la humanidad.

Porque sí, al principio todo parece una fantasía futurista encantadora. Una historia ligera sobre amor, tecnología y segundas oportunidades. Pero conforme avanza la trama, la serie comienza a dejar una sensación incómoda: ¿qué pasaría si algún día dejáramos de buscar conexiones reales porque las virtuales resultan más fáciles, más perfectas y menos dolorosas?

Un romance futurista que comienza con el agotamiento emocional

En la historia, Seo Mi-rae lleva una vida completamente normal. Tiene pareja, trabaja, intenta equilibrar su rutina y sobrevivir al cansancio cotidiano. Sin embargo, el desgaste emocional comienza a fracturar su relación hasta llevarla inevitablemente a una ruptura definitiva.

Y es ahí donde la serie encuentra uno de sus puntos más humanos y reales: la sensación de vivir tan ocupados que el amor termina convirtiéndose en algo secundario.

Entre el duelo, el vacío y la necesidad de escapar de su realidad, Seo Mi-rae recibe la oportunidad de probar un innovador dispositivo de realidad virtual capaz de conectar la mente humana con distintos universos románticos digitales. Mundos diseñados específicamente para hacer sentir deseada, comprendida y emocionalmente acompañada a la persona que entra.

Al inicio ella duda. La idea le parece absurda. Artificial. Fría. Pero basta entrar una sola vez para que todo cambie.

La fantasía perfecta diseñada por inteligencia artificial

Dentro de ese universo virtual, ella conoce a un protagonista masculino prácticamente imposible de ignorar. Atento, encantador, emocionalmente disponible y diseñado exactamente para provocar emociones profundas.

La experiencia le gusta tanto que termina contratando el servicio por suscripción únicamente para volver a verlo y vivir otra vez esa sensación de conexión emocional.

Y aquí es donde la serie empieza a tocar fibras mucho más profundas que las de un romance convencional.

Porque lo que parecía un simple juego comienza a sentirse real. Demasiado real.

La protagonistas despierta desarrollando sentimientos genuinos hacia un personaje que técnicamente no existe. Pero el golpe emocional llega cuando descubre que los diálogos románticos que él le dice también se los repite exactamente igual a miles de usuarias más dentro de la plataforma.

Con eso, la ilusión de exclusividad desaparece. Entonces ella pide algo todavía más avanzado: un novio virtual completamente personalizado. Uno que no repita frases. Uno que aprenda de ella. Uno que se adapte a sus emociones. Uno diseñado únicamente para hacerla sentir especial. Y la plataforma, por supuesto, tiene un paquete premium para eso.

¿Estamos realmente tan lejos de esa realidad?

Esa es probablemente la pregunta más inquietante que deja “Boyfriend on Demand”.

Porque aunque la serie se mueve dentro del terreno de la ficción, la realidad es que muchas de las tecnologías que plantea ya existen en formas mucho más primitivas.

Actualmente ya existen asistentes conversacionales impulsados por IA, aplicaciones de compañía emocional, novios virtuales creados mediante algoritmos e incluso experiencias inmersivas con dispositivos de realidad aumentada y realidad virtual capaces de engañar parcialmente a los sentidos.

La diferencia es que la serie lleva esa tecnología a un punto extremo: un universo tan inmersivo que el cerebro podría comenzar a confundir lo virtual con lo real.

Y honestamente, no parece imposible. Con el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial generativa, los dispositivos neuronales y las experiencias sensoriales inmersivas, el futuro podría acercarse más rápido de lo que imaginamos a escenarios donde las emociones sean programables.

La gran pregunta no es si la tecnología podrá hacerlo. La verdadera pregunta es si emocionalmente estaremos preparados para eso.

El detalle más perturbador de la serie no es la tecnología, sino la soledad

Algo que hace especialmente interesante a esta historia es que el dispositivo no atrapa a Seo Mi-rae únicamente por entretenimiento, sino porque llena vacíos emocionales reales.

La escucha. La comprende. Se adapta a ella. Está disponible cuando lo necesita.

Y es podría ser la parte más fuerte de toda la serie: entender que muchas veces la tecnología no reemplaza algo perfecto, sino algo ausente.

Porque en un mundo donde las personas viven agotadas, emocionalmente desconectadas y consumidas por el trabajo, la idea de un compañero virtual diseñado para amar exactamente como nosotros queremos podría convertirse en una tentación enorme, incluso peligrosa.

Uno de los momentos más interesantes de la trama ocurre cuando Seo Mi-rae descubre que su novio virtual personalizado es idéntico a uno de sus compañeros de trabajo con quien, en la vida real, no puede llevarse peor.

Y aunque la serie no profundiza todavía completamente en lo filosófico, sí deja flotando una idea inquietante: ¿nos enamoraríamos realmente de las personas o de la versión idealizada que una inteligencia artificial puede construir de ellas?

Y es que una relación real implica contradicciones, silencios incómodos, diferencias y frustraciones. Mientras que un algoritmo está diseñado para complacernos. Y quizá eso termine siendo precisamente el problema.

Aunque visualmente mantiene la estética encantadora y emocional típica de muchos K-dramas, la serie logra destacar porque utiliza el romance como excusa para hablar de temas mucho más complejos: la dependencia emocional, la hiperconectividad, el aislamiento moderno y el papel que tendrá la IA dentro de nuestras relaciones humanas.

Viviana Hernández Bran

Viviana Hernández Bran

Licenciada en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón, UNAM. Creadora de contenido escrito y digital...

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