¿Qué lleva a una persona en una situación límite a encender una cámara en redes sociales y atentar contra si misma?
No es una nueva “moda”, pero sí un fenómeno más visible

Salud mental y redes sociales / Ezra Acayan
Hay algo paradójico en las redes sociales: fueron creadas para acercarnos a los demás, pero también han conseguido que momentos que antes pertenecían a la intimidad puedan convertirse en acontecimientos vistos por miles de desconocidos.
En los últimos días, varios episodios de crisis de salud mental, autolesiones y conductas suicidas transmitidas en vivo han vuelto a ocupar espacio en las conversaciones digitales. El caso del bloguero de celebridades Perez Hilton, quien fue hospitalizado después de protagonizar una transmisión preocupante en TikTok, puso nuevamente sobre la mesa una pregunta difícil de esquivar: ¿por qué alguien que atraviesa una crisis extrema puede decidir hacerlo frente a una cámara?
La primera respuesta es también la más importante: no existe un único perfil psicológico de la persona que llega a una situación de este tipo.
Hablar de un “tipo de persona” sería engañoso. El suicidio y las autolesiones son fenómenos complejos y pueden aparecer en personas de distintas edades, contextos y condiciones. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH) señala entre los factores asociados antecedentes de intentos, problemas de salud mental o consumo de sustancias, dolor crónico, experiencias de violencia, conflictos interpersonales y exposición a conductas suicidas de otras personas. Pero tener uno de estos factores no significa que alguien vaya a intentar suicidarse.
Lo que sí puede existir es una combinación de vulnerabilidades: una persona que atraviesa un momento de desesperación, se siente aislada, experimenta una pérdida o conflicto y, al mismo tiempo, tiene a su alcance una herramienta capaz de conectarla inmediatamente con una audiencia.
Y ahí aparece el elemento que distingue estas crisis de otras: la cámara.
Transmitir en vivo elimina buena parte de la distancia entre quien sufre y quien observa. No hay que escribir un mensaje, esperar una respuesta ni decidir quién lo recibirá. Basta con abrir una transmisión.
Eso puede hacer que una crisis personal se convierta, casi instantáneamente, en una situación pública.
Pero sería un error interpretar esa exposición como una simple búsqueda de atención. El NIMH advierte que hablar de suicidio o expresar pensamientos suicidas debe tomarse en serio: puede ser una manifestación de angustia extrema y requiere atención.
En otras palabras, “lo hizo para llamar la atención” no es una explicación suficiente. Incluso cuando una persona busca desesperadamente ser escuchada, eso puede ser precisamente una señal de que necesita ayuda.
El problema no termina cuando se apaga la transmisión
La otra mitad de la historia está frente a la pantalla.
Cuando una persona atraviesa una crisis en directo, cientos o miles de espectadores pueden convertirse involuntariamente en testigos. Algunos intentan ayudar; otros llaman a emergencias; algunos reportan la transmisión. Pero también existe el riesgo de que alguien grabe el contenido, lo comparta, lo convierta en fragmentos o lo comente como si se tratara de entretenimiento.
La velocidad de las redes hace que una plataforma pueda retirar una transmisión y, aun así, el material continúe circulando en otros sitios.
El caso de Perez Hilton volvió a evidenciar precisamente esa dificultad. Aunque TikTok tiene reglas que prohíben mostrar o promover el suicidio y las autolesiones, la moderación de una transmisión en tiempo real enfrenta un problema adicional: la decisión tiene que tomarse mientras el acontecimiento está ocurriendo. La plataforma ha señalado que puede contactar a los servicios de emergencia cuando existe una amenaza específica, creíble e inminente.
El problema tampoco es exclusivamente tecnológico.
La investigación y las autoridades de salud pública llevan años estudiando el llamado efecto de contagio suicida, es decir, la posibilidad de que la exposición al comportamiento suicida de otra persona influya en individuos vulnerables. El CDC advierte que las redes sociales pueden acelerar la propagación de información, permitir la glorificación de una muerte y convertirse en espacios difíciles de moderar, particularmente cuando se trata de transmisiones en vivo.
Por eso, quizá la pregunta no debería ser únicamente por qué alguien decide transmitir su dolor, sino qué hacemos los demás cuando ese dolor aparece en nuestra pantalla.
Este articulo fue creado con IA, y fue revisado por un editor antes de su publicación.



