Conoce a Prehistöricos, la banda chilena que encuentra en la música una conexión ancestral
Tomás Preuss nos habla sobre 15 años de música, vulnerabilidad, intuición y los mundos que ha construido con Prehistöricos, una banda que convirtió la nostalgia y la sensibilidad en una forma de conectar con las personas

Entrevista con banda Prehistóricos / Instagram
Hay palabras que parecen describir mejor a una banda que cualquier género musical. En el caso de Prehistöricos, una de ellas podría ser “ancestral”. Tomás Preuss, vocalista de la banda, me habló de una conexión con aquello que es primordial, con los sentimientos que atraviesan culturas y generaciones y con una energía que, según él, está ahí esperando a convertirse en canción. Después de 15 años de música, esa búsqueda sigue siendo el corazón de su proyecto.
Cuando me enteré por Instagram de que la banda chilena volvería a Ciudad de México, no tuve demasiadas dudas: durante mucho tiempo fue una de mis bandas favoritas y quería volver a escuchar en vivo esas canciones que, para mí, ya estaban asociadas a momentos, personas y versiones anteriores de quien era.
La respuesta del público dejó claro que no era la única.
Originalmente estaban previstas dos fechas, pero finalmente ambas se concentraron en una sola presentación el 25 de junio. Y aquella noche ocurrió algo difícil de explicar con una sola palabra. En el recinto había nostalgia, sí, pero también alegría, esperanza, energía y una especie de calma compartida.
Tomás apareció sobre el escenario y comenzó a recorrer una historia musical que lleva más de una década construyéndose.
Después de cantar canciones como “Invéntame un final”, “Que suba el momento”, “La velocidad de las plantas”, “Si se acaba”, “Distintos”, “Nuestro destino” y “Rosal”, uno de sus trabajos más recientes, entendí algo que después él me explicaría en entrevista: quizá la magia de Prehistöricos está precisamente en que cada canción parece pertenecer a un mundo distinto.
Algunas tienen una luminosidad casi ingenua; otras nacen desde lugares mucho más dolorosos. Hay canciones que evocan nostalgia y otras que parecen invitar a simplemente dejarse llevar. Esa diversidad no es un accidente: es parte de la evolución que el músico ha construido a lo largo del tiempo, no solo internamente, también en la forma en que compone y decide compartir su música con los de afuera.
Quince años de construir mundos
Hablar de la evolución de Prehistöricos es, para Tomás, hablar también de su propia transformación como creador. Con el tiempo no solo se ha desarrollado como compositor, sino también como productor e ingeniero, hasta conseguir grabar sus propios discos de acuerdo con la manera en que quiere que suenen. Pero su evolución no parece estar determinada únicamente por la técnica. Tiene más que ver con atreverse a habitar distintos universos sin intentar que todos se parezcan entre sí.
“Uno evoluciona como compositor, como productor o como ingeniero. Yo grabo mis discos, los voy grabando como yo quiero que suene, y eso para mí es una gran ganancia. La evolución para mí es habitar diferentes mundos”.
“Por ejemplo, si recuerdo lo que hice con mi primer disco “La orquesta oculta”, se me viene a la mente que es un disco con un mundo súper frágil, ingenuo, y esa es su magia. No tiene tanta densidad, hay canciones tristes, pero ese trabajo creo que es el más lindo, el más luminoso”.
Después Tomás me habló del proceso creativo con “Nuestro día vendrá”, un disco que representó una etapa diferente, porque Prehistöricos comenzó a convertirse también en una banda pensada para tocar en vivo y reconoció que nunca imaginó inicialmente que ese disco terminaría llevándolo a los escenarios y que el éxito que consiguió el proyecto lo enfrentó a una decisión que probablemente muchos artistas conocen: repetir la fórmula que funcionó o seguir aquello que realmente se estaba moviendo dentro de él.
Eligió lo segundo. En lugar de intentar reproducir el éxito anterior, decidió construir otro universo, esta vez con una conexión particularmente fuerte con lo ancestral. Al respecto el artista me contó sobre un viaje que hizo a Valdivia, al sur de Chile, donde se adentró en una selva lejana y fría, prácticamente virgen vestido con una máscara de madera y ropajes de las tribus del sitio, una imagen que terminó dialogando con el espíritu de su tercer material discográficofico al cual llamaría “La velocidad de las plantas”.
Las cosas no terminan ahí y es que en su carrera musical existió un punto de inflexión particularmente íntimo al presentar su disco “El abrazo fantasma”, el cual nació durante una etapa en la que él no se encontraba bien emocionalmente y descubrió en la música una manera de poner palabras a aquello que estaba viviendo. Curiosamente, las canciones que más le costó sacar terminaron convirtiéndose en compañía para otras personas que atravesaban momentos similares.
“Ese disco fue más doloroso. Ahí yo estaba mal, pude ocupar la música para hablar de lo que sentía. Fue una etapa donde estaba muy deprimido. Quedaron unas canciones que subliman lo que a mí me pasó. Se trata de quien lo escucha y han acompañado a muchas personas en esos estados, más densos. Sentí que tenía que sacar eso. Ese disco me costó muchos años sacarlo, de hecho no lo quería sacar”.
Tomás incluso reconoce que durante mucho tiempo no quiso publicar aquel material. Hasta que apareció una especie de certeza interior que terminó empujándolo a hacerlo. “El ser interior de Tomás dijo: ‘sácalo’”, recuerda.
Prehistöricos no es solamente Tomás Preuss
A lo largo de los años también han cambiado los integrantes que han acompañado a Prehistöricos. Pero Tomás no considera que esas transformaciones contradigan la identidad del proyecto. Para él, la banda nunca ha sido una propiedad personal, sino un concepto que puede ser habitado por distintas personas y sensibilidades.
“Prehistöricos no es Tomás Preuss, es un concepto. Nadie pertenece, pero todos pertenecen. Y en esta última etapa tiene que ver con la amistad. Nos vamos de gira siendo amigos y nos conocimos haciendo música.”
Esa amistad también modifica la manera de vivir los conciertos. Tomás habla de la vida del músico como una experiencia bastante más solitaria de lo que podría imaginarse desde afuera. Viajar, ensayar y presentarse frente a cientos de personas no necesariamente significa tener una vida llena de vínculos. Por eso, una de las cosas que ha aprendido durante estos años es a disfrutar también del proceso y a buscar personas con las que pueda existir esa conexión que después se vuelve evidente sobre el escenario.
"Una persona se conecta por energía, las personas sienten la música y les gusta, las atraviesan y eso hace que todo sea brutalmente mágico y crezca el show y la gente se emocione más. Hay que buscar personas con las que eso pueda suceder”.
Esa conexión fue precisamente una de las cosas que más me sorprendieron durante el concierto de Prehistöricos en Ciudad de México. Había una atmósfera particularmente tranquila antes de que comenzara el show, pero cuando Tomás apareció la energía cambió. El público conocía las canciones, las cantaba y parecía reconocer en ellas algo propio.
No era la primera vez que veía a Prehistöricos, pero sí fue una experiencia completamente distinta a aquella presentación de años atrás en Bajo Circuito. Esta vez conocía mucho más de su música y pude disfrutar el concierto desde otro lugar. El espectáculo fue largo, cercano y estuvo acompañado de pausas en las que Tomás compartió anécdotas, recuerdos y algunas de las historias que dieron origen a determinadas canciones. Esa cercanía hizo que el concierto se sintiera menos como una presentación y más como una conversación colectiva.
Crear sin juzgarse y dejar que aparezca lo inesperado
Cuando le pregunto cómo consigue trasladar tanta vulnerabilidad a una canción sin que el proceso creativo termine siendo demasiado pesado, él vuelve a hablar de sensibilidad. Para él, cuando existe una sensibilidad compartida, no hace falta necesariamente utilizar el mismo lenguaje. Puede bastar con escuchar cómo alguien interpreta una canción para reconocer algo de esa persona.
Su propio proceso, sin embargo, es bastante menos ordenado. El músico lo describe como caótico, y precisamente de ese caos nació “Rosa de Nepal”, el proyecto que está preparando y que realizó prácticamente en una semana, solo en su casa del cerro. No hubo una gran estructura ni un plan elaborado: simplemente dejó que las canciones aparecieran y después entendió que aquello tenía que salir al mundo.
En esta etapa, me deja en claro que él siente que ha aprendido también a quitarse un poco de encima la mirada crítica con la que muchas veces él mismo ha observado su propio trabajo.
“El ser creativo es estar conectando todo el tiempo con cosas. Uno no sabe con lo que va a conectar y siempre están pasando cosas. Uno es el filtro, el que le da una forma. Es como una especie de energía universal y puedes crear algo que no existe”.
Quizá por eso, cuando le pregunto cómo definiría en una sola palabra la relación entre Tomás Preuss y Prehistöricos, responde: “azaroso”.
No porque el proyecto carezca de dirección, sino porque nunca parece estar completamente cerrado a lo que pueda suceder. Prehistöricos es para él una conexión con lo ancestral, con algo infinito que atraviesa lo cultural, la poesía, la raza y las épocas. Es volver a aquello que permanece cuando todas las demás cosas cambian: los sentimientos.
“Los sentimientos, eso es Prehistöricos. El amor nos va a seguir moviendo hasta el fin de los tiempos. Con eso trato de conectar yo”.
México, el próximo hogar de Prehistöricos
Ahora Tomás quiere quedarse un tiempo en México. No solamente para presentarse, sino para vivir aquí y descubrir qué ocurre cuando su proceso creativo cambia de territorio. Quiere trabajar en un nuevo disco desde este país y dejar que el lugar también forme parte de lo que venga después.
No parece tener completamente definido qué va a ocurrir. Y eso, en su caso, no parece preocuparle demasiado.
“Estaré un tiempo en México porque quiero trabajar en un disco, quiero ver cómo es hacer un disco aquí, quiero vivir aquí. Siento que tengo que estar aquí. Trato de seguir siempre mi instinto, siento que no falla. Cuando estoy acá me siento muy bien”.
Esa confianza en la intuición también es el mensaje que Tomás tiene para quienes intentan abrirse camino dentro de la música independiente. Sabe que no es un camino sencillo. Durante sus propios años de carrera llegó a pensar en dedicarse a otras cosas, pero siempre terminó regresando a la música.
Para quienes están comenzando, no ofrece una receta de éxito. Habla, más bien, de escuchar lo que sucede dentro.
“Les diría que escuchen su corazón, su intuición. No hay ningún camino igual al otro. La gente es el resultado de lo que tú haces. Pueden ser 100, 200 o más, pero son las personas que tú tocaste. No es fácil. Algunas veces pensé en dedicarme a otras cosas, pero el universo me vuelve a enviar aquí. Siento que es destino”.
Y tal vez esa palabra “destino” sea la palabra que mejor defina el cierre de esta conversación que tuve con él que cualquier otra explicación sobre géneros, discos o estrategias musicales.
Prehistöricos se presentará el 28 de agosto en Planta Baja, Ciudad de México, con “Vamos a existir un ratito”, un espectáculo que incluirá música en vivo, canciones inéditas, mercancía exclusiva, poesía, lecturas de tarot y dinámicas especiales.
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