¿Qué es el sleepmaxxing y por qué tienes que tener cuidado con esta tendencia?
El descanso se puede convertir en una nueva fuente de presión
¿Qué es el Sleepmaxxing? / Olga Rolenko
Hubo un tiempo en el que dormir ocho horas era suficiente. Ahora parece que hasta para cerrar los ojos necesitamos un tutorial. La rutina nocturna empieza con una habitación a la temperatura exacta, continúa con un antifaz, una cinta sobre la boca, algún dispositivo que registra cada movimiento y termina con una aplicación que, a la mañana siguiente, decide si descansamos bien o no.
Todo esto tiene nombre: sleepmaxxing.
La tendencia se ha instalado especialmente en redes sociales como TikTok, donde dormir dejó de ser únicamente una necesidad biológica para convertirse en una especie de proyecto personal. Hay quienes comparten sus rituales nocturnos, comparan sus métricas de sueño o recomiendan productos que, supuestamente, ayudan a conseguir una noche más reparadora.
¿Qué significa realmente hacer sleepmaxxing?
El término sleepmaxxing nace de la cultura del “maxxing”, una expresión utilizada en internet para referirse a la idea de llevar alguna característica al máximo posible. En este caso, el objetivo es optimizar el sueño hasta convertirlo, al menos en teoría, en una experiencia impecable.
No hay nada extraño en querer dormir mejor. De hecho, tener horarios relativamente regulares, reducir estímulos antes de acostarse o procurar un ambiente cómodo puede formar parte de buenos hábitos de descanso. El problema aparece cuando esa búsqueda de bienestar se convierte en una carrera por conseguir mejores números, más accesorios o una rutina cada vez más complicada.
En redes sociales, esta tendencia suele presentarse de una manera especialmente atractiva. Una habitación cuidadosamente iluminada, pijamas impecables, antifaces, almohadas especiales, relojes inteligentes y toda clase de gadgets construyen una estética del descanso que parece sacada de un catálogo.
Entre las prácticas que circulan aparecen el mouth taping, colocarse cinta sobre los labios durante la noche, antifaces con peso, productos para regular la temperatura de la cama, humidificadores y dispositivos capaces de registrar diferentes indicadores mientras dormimos.
El mensaje implícito puede ser seductor: si compras los productos adecuados y sigues las instrucciones correctas, quizá consigas finalmente dominar tu sueño.
Pero el cuerpo no siempre funciona como una aplicación.
Cuando descansar también se convierte en una obligación
El lado menos amable de esta tendencia aparece cuando la optimización comienza a interferir con la vida cotidiana. Una cena improvisada, una conversación que se alarga, una fiesta o simplemente quedarse viendo una película hasta tarde pueden empezar a percibirse como amenazas contra una rutina que debe cumplirse al pie de la letra.
Así, algo que debería ayudarnos a recuperar energía puede convertirse en una lista más de pendientes.
El fenómeno también tiene una dimensión social. En una época en la que durante años se presumió de trabajar hasta la madrugada, salir de fiesta entre semana o dormir poco para aprovechar cada minuto, ahora el péndulo parece haberse movido hacia el extremo contrario. Dormir bien se convirtió en una señal de autocuidado, disciplina e incluso estatus.
El problema no es querer dormir ocho horas. El problema es sentir que una noche imperfecta equivale a haber fallado.
