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La Bande-Son Imaginaire: el darkwave de Oaxaca que convierte la música en un ritual

La agrupación oaxaqueña mezclará música electrónica, teatro, poesía y símbolos de la cultura mexicana en un espectáculo que llegará al Pepsi Center de CDMX este 10 de septiembre

La Bande Son Imaginaire se presentará en el Pepsi Center el proximo 10 de septiembre / instagram la bande son imaginaire

Hay algo extraño en entrar al universo de La Bande-Son Imaginaire. No porque resulte incomprensible, sino porque parece diseñado para que una parte de lo que sucede frente a los ojos permanezca, deliberadamente, sin explicación.

Capas blancas. Cabellos sueltos. Rostros cubiertos de pintura. Máscaras. Espejos. Diálogos que parecen llegar desde algún lugar entre el teatro y el sueño. El cuerpo como instrumento y la música como una especie de hilo conductor. Durante una conferencia de prensa previa a su próximo concierto en Ciudad de México, la agrupación oaxaqueña decidió no limitarse a hablar de su espectáculo: hizo una pequeña demostración escénica.

Y ahí estaba la clave.

Más que explicar qué es La Bande-Son Imaginaire, había que verla.

El trío formado por Óscar Tanat, Heri Ángelo Tanat y Bram Hernández ha construido durante más de una década una propuesta que resulta difícil de encerrar en una sola etiqueta. Hay darkwave, sí; también música electrónica, post-punk, synthwave, jazz, violín, poesía, teatro y performance. Pero sobre todo hay una voluntad de crear un mundo propio.

El próximo capítulo de ese mundo ocurrirá el 10 de septiembre en el Pepsi Center WTC de Ciudad de México, donde la banda presentará su espectáculo junto a Noble Savage.

Pero para entender por qué tres músicos oaxaqueños terminaron llevando su particular universo oscuro a escenarios de Europa hay que regresar al principio. A Oaxaca. A los fantasmas.

De los espíritus de Oaxaca a los sintetizadores

Óscar me lo cuenta sin demasiada solemnidad. Él y Heri crecieron en Oaxaca rodeados de las imágenes, sonidos y creencias que forman parte de la vida cotidiana del estado: el Día de Muertos, las historias de fantasmas, las fiestas, la música y esa convivencia natural entre lo visible y aquello que, aunque no pueda tocarse, forma parte de la imaginación colectiva.

“Crecimos con la tradición del Día de Muertos, con la idea de los fantasmas en la casa”, cuenta Óscar.

La música llegó después.

De jóvenes no tuvieron la posibilidad de estudiar o hacer música de una manera accesible. Fue hasta la adultez cuando encontraron en la música electrónica una herramienta para construir su propio lenguaje. Y entonces ocurrió algo importante: en lugar de intentar reproducir una tradición, comenzaron a trasladar a ella todo aquello que ya llevaban dentro.

“Transferimos los elementos que hemos absorbimos de todo lo que vemos, somos y experimentamos hacia este proyecto”, explica.

La historia de la banda, de hecho, comenzó antes de ser una banda. Los hermanos Tanat habían trabajado en El Cabaret del Horror, un proyecto teatral que combinaba música en vivo, actuación y sátira. Las composiciones creadas para aquellas presentaciones fueron tomando vida propia hasta convertirse en canciones y, posteriormente, en La Bande-Son Imaginaire. Su primer álbum, El Horror Jazz, apareció en 2014.

El nombre tampoco es casual.

La Bande-Son Imaginaire significa, literalmente, “la banda sonora imaginaria”. La idea es sencilla y cinematográfica: hacer música para una película que no existe, dejar que cada canción sugiera personajes, escenarios y situaciones que el público termina de construir en su propia cabeza.

Pero hay otra capa. Óscar ha contado a varios medios de comunicación que la elección del francés también fue una manera de despertar curiosidad y jugar con esa fascinación mexicana por lo extranjero, al tiempo que su interés por la poesía francesa, de Baudelaire a Rimbaud y Verlaine, alimentaba el imaginario de la agrupación.

Así, el nombre terminó siendo casi una declaración de principios: una banda sonora para una película inexistente, pero también para una identidad que se niega a permanecer quieta.

Una tradición que también usa celular

Quizá una de las ideas más interesantes que aparecieron en la conversación que tuve con ellos al entrevistarlos es su manera de entender la tradición.

Para La Bande, lo mexicano no es una pieza de museo. Tampoco es únicamente una postal de pirámides, penachos y pasado prehispánico. Es algo que sigue ocurriendo.

Por eso la elección de la música electrónica no representa una ruptura con Oaxaca, sino todo lo contrario.

“La ritualidad también se actualiza”, dice Óscar.

Su razonamiento va todavía más lejos: el chamán que se transforma en viento, explica, también puede tener un teléfono celular. La imagen resulta casi cómica, pero detrás hay una idea seria: la tecnología no tiene por qué desconectarnos de nuestras raíces.

“La tecnología puede ser también un medio y La Bande-Son Imaginaire es justamente eso”, añade.

Bram Hernández coincide. La tradición, dice, necesita evolucionar porque se alimenta de lo que sucede en cada momento. Ellos mismos son producto de esa contradicción: músicos con raíces oaxaqueñas, pero habitantes de una realidad urbana y contemporánea.

“Somos indígenas citadinos”, resume.

Es ahí donde la propuesta encuentra buena parte de su fuerza. En vez de congelar la identidad mexicana, la banda la deja moverse. Puede convivir el violín con un sintetizador, una máscara tradicional con una estética gótica, una referencia al Día de Muertos con una pista electrónica.

Por eso intuyo que su música puede viajar tan lejos sin perder el lugar del que viene.

Una banda que no quiere repetirse

Hay algo que se repite cuando los músicos hablan de su trayectoria: la necesidad de no repetirse.

Bram lo plantea de manera contundente. El proyecto de hoy no se parece al primer disco y, probablemente, lo que venga tampoco se parecerá demasiado a lo que el público cree conocer ahora.

“Tratamos de ser honestos con lo que creamos, es lo que hemos vivido, hemos tenido el premio por el trabajo que hemos realizado como salir al extranjero, conocer nuevas culturas, espero que este concepto cambie y siga cambiando, porque si no la repetición seria la muerte”.

Después de más de una década de recorrido, la agrupación ha pasado por escenarios mexicanos y europeos. En los últimos años ha tocado en ciudades como París, Ámsterdam, Rotterdam, Gante, Leipzig y Benidorm, además de presentarse en recintos como el Teatro Metropólitan y el Circo Volador en Ciudad de México. En 2026 también formó parte del Wave-Gotik-Treffen de Leipzig, uno de los encuentros más importantes de la escena oscura europea.

Su recorrido internacional también incluye presentaciones previas en Europa y una participación como acto de apertura para Till Lindemann, vocalista de Rammstein, en México.

Sin embargo, el común denominador de sus entrevistas no parece ser la cantidad de lugares visitados, sino una idea mucho más sencilla: la honestidad artística.

No quieren sonar como una banda mexicana que intenta parecer europea. Tampoco como una banda de darkwave obligada a reproducir los códigos del género. Quieren hacer lo que les interesa en ese momento.

Y eso también explica por qué su música puede moverse entre el español y el francés, entre lo acústico y lo electrónico, entre el concierto y el teatro.

Cuando el concierto deja de ser solamente un concierto

Después de aquel performance durante la conferencia de prensa a la que asistí, me quedó claro que hablar de La Bande-Son Imaginaire únicamente como una banda de darkwave mexicano resulta insuficiente.

El escenario es parte de la música.

Heri cuenta que el proyecto se ha alimentado de sus propias experiencias con el teatro, las artes escénicas y la danza. No se trata de decorar las canciones con elementos teatrales, sino de integrar distintos lenguajes hasta convertirlos en una sola experiencia.

Eso es lo que se percibió durante la presentación: una sucesión de imágenes que no buscaban necesariamente ser descifradas de inmediato.

El público se convirtió, además, en parte del juego cuando la agrupación rompió la cuarta pared y convirtió a los asistentes en interlocutores de aquel diálogo escénico.

Para mi, lo anterior fue una de las mejores maneras de entender su propuesta: no todo tiene que explicarse. Óscar lo sabe.

Dice que hay quienes después de verlos se quedan únicamente con la superficie. Algunos dicen que son payasos, que aquello es satánico o que simplemente se trata de maquillaje. Para él, el problema no está en esas interpretaciones, sino en quedarse ahí.

Porque el maquillaje puede ser otra cosa. Una máscara puede ser otra cosa. Un símbolo puede abrir otra puerta. Y pone un ejemplo.

El sombrero que utilizan puede parecer, a primera vista, simplemente un sombrero. Pero para quien conoce ciertos referentes de la tradición de Huautla de Jiménez, en Oaxaca, puede remitir a los huehuentones y a las almas que regresan durante las celebraciones de Día de Muertos y que precisamente portan dicho sombrero.

Es quizá ahí donde termina de aparecer la película imaginaria de La Bande-Son Imaginaire: en la cabeza de quien observa.

Por eso aquel performance me dejó más preguntas que respuestas. Y probablemente esa sea la intención.

La agrupación no parece interesada en decirle al público exactamente qué debe sentir. Prefiere ofrecerle símbolos, sonidos, cuerpos, máscaras, palabras y ritmos para que cada quien encuentre algo.

Una especie de espejo. Uno que primero desconcierta y después, si se mira con suficiente atención, comienza a devolver otra imagen.

¿Cuándo será su próximo concierto en CDMX?

El 10 de septiembre, ese universo llegará al Pepsi Center WTC. El concierto comenzará a las 20:30 horas y tendrá como invitado a Noble Savage.