Datos que no te contaron de la Independencia de México, ¿los conocías o no?
Estas son algunas historias poco conocidas de la Independencia de México que quedaron escondidas detrás de la celebración patria
Independencia de México / Anadolu
Cada septiembre, México vuelve a ponerse verde, blanco y rojo. Las plazas se llenan de banderas, las ventanas de decoraciones de papel y las mesas de pozole, chiles en nogada y tequila. A las once de la noche, alguien grita “¡Viva México!” y, por unos segundos, parece que el país entero recuerda la misma escena.
Pero la Independencia de México fue bastante más extraña, violenta y contradictoria de lo que cabe en una ceremonia de unos cuantos minutos.
Aquel movimiento que comenzó en 1810 no tuvo desde el principio la forma de una nación buscando convertirse en la República que conocemos. Tampoco existe una grabación, un acta ni un testigo que nos haya dejado por escrito el famoso discurso completo de Miguel Hidalgo. Y aunque cada año pensamos en el 16 de septiembre como el gran día de la patria, la historia tiene una pequeña trampa en el calendario: buena parte de la fiesta ocurre en realidad la noche anterior.
Hay detalles todavía más curiosos.
Datos que no conocías de la Independencia de México / rarrarorro
El grito no siempre fue el 15 de septiembre
La primera sorpresa está en la fecha que millones de mexicanos consideran casi sagrada.
El levantamiento encabezado por Miguel Hidalgo ocurrió en la madrugada del 16 de septiembre de 1810. De acuerdo con la cronología del INEHRM, alrededor de las 7:30 de la mañana Hidalgo había liberado a los presos de Dolores y convocado a la población; unas horas después, cerca de las 11, el contingente partió hacia Atotonilco.
Entonces, ¿por qué terminamos celebrándolo desde el 15? Aquí la historia se vuelve menos solemne y bastante más humana.
La tradición de comenzar los festejos la noche anterior ya existía antes de que Porfirio Díaz llegara al poder. La UNAM señala que existen testimonios de celebraciones desde 1824 durante la víspera del 16 de septiembre, relacionadas con una costumbre hispana conocida como las “verbenas de la víspera”.
Es decir, la idea de que Porfirio Díaz simplemente “inventó” el 15 de septiembre para hacer coincidir la fiesta con su cumpleaños necesita matices. Lo que sí hizo durante su gobierno fue consolidar el ritual del 15 por la noche y trasladar la campana de Dolores a Ciudad de México, donde quedó incorporada a la ceremonia nacional.
Y sí: Porfirio Díaz nació un 15 de septiembre, en 1830.
La coincidencia entre cumpleaños presidencial y fiesta patria terminó convirtiéndose en una de esas pequeñas costumbres históricas que, con el paso del tiempo, parecen haber existido desde siempre.
Porfirio Díaz cumplía años el 15 de septiembre / ilbusca
La campana que viajó de Dolores a Ciudad de México
Hay otra imagen que probablemente todos hemos visto cientos de veces: la campana que suena en Palacio Nacional mientras el presidente pronuncia los vivas.
No es la campana original colocada en el Palacio de Gobierno de Dolores. La pieza fue trasladada a Ciudad de México durante el gobierno de Porfirio Díaz y desde entonces quedó asociada al ritual del Grito. Actualmente permanece en Palacio Nacional, sobre el balcón central, como uno de los objetos simbólicos más reconocibles de la celebración.
Así que cada vez que alguien la hace sonar desde el balcón presidencial, el gesto no reproduce literalmente lo ocurrido aquella madrugada de 1810. Es una representación construida con el tiempo.
La historia, como suele suceder, también tiene escenografía.
Esta es una imagen para ilustrar, no es la verdadera Campana de Dolores / Vertigo3d
El Pípila, la Virgen de Guadalupe y una independencia que tardó 11 años
Hay una escena que parece escrita para una película: un hombre llamado El Pípila avanza hacia la Alhóndiga de Granaditas con una enorme losa sobre la espalda para protegerse de las balas mientras incendia la puerta del edificio.
Es una de las estampas más conocidas de la Independencia de México.
El problema es que no tenemos un testimonio histórico que confirme que aquel hombre haya realizado exactamente esa hazaña.
La UNAM señala que no existe evidencia documental que dé cuenta de un personaje que se colocara una losa para acercarse a la puerta de la Alhóndiga e incendiarla. Eso no necesariamente convierte a El Pípila en un personaje inventado de principio a fin; significa que la escena que ha llegado hasta nosotros pertenece también a la memoria y a la tradición revolucionaria.
Y mientras una figura se convertía en leyenda, otra imagen se transformaba en uno de los primeros grandes símbolos del movimiento.
El Pipila / OscarEspinosa
Después de salir de Dolores, Miguel Hidalgo llegó al santuario de Atotonilco, donde tomó un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe. Para entonces, el grupo insurgente ya había crecido considerablemente: de un pequeño contingente pasó a reunir a miles de personas en los primeros días de la rebelión.
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Aquella imagen no era todavía la bandera nacional. La bandera tricolor que hoy conocemos llegaría después, con el Ejército Trigarante en 1821 y con un significado político diferente.
Y aquí aparece otra de las grandes ironías de la historia patria: el 16 de septiembre de 1810 no fue el día en que México se independizó.
Fue el comienzo.
La guerra se prolongó durante once años y la consumación ocurrió el 27 de septiembre de 1821, cuando el Ejército Trigarante entró a Ciudad de México. Al día siguiente se firmó el Acta de Independencia.
Entre una fecha y otra hubo fusilamientos, alianzas inesperadas, cambios políticos y personajes que pasaron de combatir en bandos opuestos a compartir un mismo proyecto.
Por eso resulta curioso que la noche mexicana esté tan concentrada en unas cuantas horas: mientras nosotros contamos los segundos para el “¡Viva México!”, la historia que celebramos tardó más de una década en encontrar su desenlace.
