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¿Aleks Syntek tuvo un brote psicótico? Qué dicen la psicología y que habría detrás de sus palabras durante el concierto en Benito Juárez

El comportamiento del cantante durante el Grito de Independencia provocó que en redes hablaran de un supuesto brote psicótico, pero, ¿realmente lo tuvo?

¿Aleks Syntek tuvo un brote psicótico? / JC Olivera

Hay conciertos que se recuerdan por una canción. El de Aleks Syntek en la alcaldía Benito Juárez, durante la noche del 15 de septiembre, difícilmente entrará en esa categoría.

La música terminó compartiendo protagonismo con algo bastante menos festivo: un largo intercambio entre el cantante y el público en el que aparecieron las críticas al reguetón, los nombres de Dani Flow y Bad Bunny, las peticiones de canciones que no pertenecían a su repertorio y, sobre todo, un reclamo que parecía venir de otro escenario: que sus propios seguidores lo defendieran.

Los videos del momento se multiplicaron en redes sociales. Y con ellos apareció una pregunta que rápidamente se convirtió en titular: ¿Aleks Syntek tuvo un brote psicótico?

La respuesta, desde el terreno clínico, es mucho menos espectacular que el meme: no hay elementos públicos suficientes para afirmar que el cantante haya tenido un episodio psicótico.

Eso no significa que no haya algo que analizar. Todo lo contrario.

¿Qué es realmente un brote psicótico?

La palabra “psicosis” suele utilizarse en internet como sinónimo de comportamiento extraño, descontrolado o fuera de lugar. Médicamente, sin embargo, significa algo mucho más específico.

La psicosis es un estado en el que una persona pierde, en algún grado, el contacto con la realidad. Entre sus manifestaciones principales se encuentran las alucinaciones, los delirios y las alteraciones importantes del pensamiento y del lenguaje.

Una persona puede, por ejemplo, escuchar voces que los demás no escuchan, mantener una creencia falsa con una convicción muy difícil de modificar o presentar un discurso profundamente desorganizado. También pueden aparecer comportamientos inusuales o confusos.

Por eso hay una diferencia fundamental entre estar enojado, alterado, frustrado, hablar de manera impulsiva o tener un comportamiento socialmente extraño y experimentar una psicosis.

En el caso de Syntek, lo que muestran los videos disponibles es a un artista molesto que mantiene un discurso dirigido a su audiencia, responde a estímulos del público, habla de su carrera y expresa opiniones concretas sobre otros músicos y géneros. Eso puede resultar incómodo, desproporcionado o desconcertante para quien lo observa, pero ninguna de esas características, por sí sola, demuestra una pérdida de contacto con la realidad.

Dicho de otra manera: un concierto incómodo no es un diagnóstico psiquiátrico.

Del reguetón a la necesidad de ser defendido

Más que intentar descubrir un supuesto diagnóstico detrás de las palabras de Syntek, vale la pena mirar qué estaba diciendo y cómo construyó su discurso.

Uno de los ejes de la intervención fue la sensación de no haber recibido suficiente respaldo frente a las críticas que ha acumulado por su postura contra el reguetón. En el escenario pidió a quienes disfrutan de su música que lo defendieran y recordó que, según su propia percepción, ni el público ni otros artistas habían salido en su apoyo. Así la escena cambia entonces de naturaleza.

Ya no se trata solamente de una opinión musical. El cantante coloca al público dentro de la discusión y le plantea una especie de dilema de lealtad: si son sus seguidores, ¿por qué no están de su lado?

Ese mecanismo retórico es distinto de explicar por qué no gusta un género musical. Hablar del contenido de las canciones, de sus letras o de la industria es una discusión estética y cultural. Pedirle al público que “defienda” al artista convierte la conversación en una cuestión de pertenencia.

Y esa lógica volvió a aparecer cuando algunos asistentes pidieron canciones que no formaban parte de su repertorio. Syntek reaccionó cuestionando incluso si quienes estaban ahí eran realmente sus seguidores.

El mensaje que se desprende de esas intervenciones no necesita un diagnóstico para resultar evidente: el cantante estaba reclamando reconocimiento y fidelidad a una audiencia que, en ese momento, no se comportaba como él esperaba.

Eso puede analizarse. Lo que no puede hacerse responsablemente es convertirlo en una explicación psicológica definitiva sobre lo que ocurre dentro de su cabeza.

¿Y qué hay detrás de sus ataques al reguetón?

También resulta tentador interpretar sus palabras como odio, rencor o frustración hacia los exponentes de la música urbana. Pero atribuirle cualquiera de esos estados como una certeza sería ir más allá de lo que permiten las imágenes.

Lo que sí puede observarse es un discurso de confrontación cultural.

Syntek establece una frontera entre su idea de la música mexicana y aquello que identifica con el reguetón. En su intervención cuestionó a artistas como Dani Flow y Bad Bunny, y vinculó sus preferencias musicales con una determinada manera de hablar y de entender la identidad mexicana.

Ahí aparece algo más profundo que el gusto personal: una discusión sobre qué música representa a México, quién tiene legitimidad para ocupar los espacios públicos y qué considera cada generación como una expresión cultural válida.

El problema es que una conversación sobre música deja de ser una conversación sobre música cuando se utiliza el gusto del otro como una medida de su valor.

Dani Flow, Bad Bunny y Aleks Syntek pertenecen a escenas musicales completamente distintas y tienen públicos diferentes. Que una persona prefiera “Sexo, pudor y lágrimas” y otra escuche “Martillazo” no necesita resolverse como una batalla por quién tiene razón. Son fenómenos culturales distintos que conviven en el mismo país.

Y precisamente esa convivencia parece haber sido uno de los puntos de fricción de la noche.

Aleks Syntek se presentó en LOS40 Básico / Medios y Media