Esta es la película mexicana de 1954 que abrió camino al cine indigenista e independiente, ¿la has visto?

Esta cinta llevó a la pantalla cuatro relatos inspirados en Francisco Rojas González y retrató el encuentro, no siempre amable, entre las comunidades indígenas y el mundo moderno

Película "raíces", cine mexicano / internet

Cuando “Raíces”, la película de Benito Alazraki, llegó a las salas mexicanas en 1954, la cinta puso en el centro a distintas comunidades indígenas y sus encuentros con una sociedad que pretendía mirarlas, estudiarlas e incluso transformarlas.

Lo hizo, además, lejos de las fórmulas más conocidas de la Época de Oro del cine mexicano. En lugar de construir una única historia, Alazraki armó una película de episodios que reúne cuatro relatos inspirados en la obra de Francisco Rojas González, particularmente en su libro El diosero, publicado en 1952.

El resultado fue una película poco convencional para su momento y, con los años, una pieza fundamental para entender los primeros pasos del cine indigenista en México y del cine independiente nacional.

De la literatura a la pantalla

Como bien se dice en el artículo creado por Sopitas, para encontrar el corazón de Raíces hay que volver primero a la literatura. Francisco Rojas González, escritor, etnólogo y guionista, dedicó buena parte de su obra a observar la diversidad cultural de los pueblos originarios de México. Su acercamiento tenía una particularidad: no se limitaba a presentar a las comunidades indígenas desde la denuncia, sino que intentaba mostrar sus costumbres, conflictos y formas de entender el mundo.

Esa mirada llegó al cine de la mano de Alazraki. El director ya conocía los mecanismos de la industria cinematográfica mexicana.

Cuatro historias, una misma pregunta

La estructura de Raíces funciona como una pequeña colección de cuentos cinematográficos. Cada episodio presenta un conflicto distinto y lleva al espectador a una región y una circunstancia particular.

En “Las vacas”, inspirado en “Las vacas de Quiviquinta”, una pareja indígena enfrenta las consecuencias de la sequía en el Valle del Mezquital mientras intenta proteger a su hijo. La escasez convierte la supervivencia cotidiana en un problema para el que no existen soluciones sencillas.

Después llega “Nuestra señora”, construido a partir de elementos de “Nuestra Señora de Nequetejé” y “La tona”. Aquí la mirada cambia de dirección: una académica estadounidense llega a una comunidad indígena con la intención de estudiarla. Su investigación termina revelando los prejuicios con los que observa a las personas que pretende comprender.

“El tuerto” lleva la historia hasta Yucatán. Un niño que ha perdido la visión de un ojo y su madre emprenden la búsqueda de una posible cura, en un relato donde las creencias, la necesidad y el deseo de proteger a un hijo se cruzan.

El último episodio, “La potranca”, aborda de manera más directa las ideas de superioridad racial. Un hombre europeo pretende comprar a la hija de un indígena bajo la promesa de que un futuro hijo mestizo podría “mejorar la raza”. La situación, sin embargo, termina tomando un rumbo muy distinto al que el extranjero había imaginado.

Una película que miró hacia otro México

La relevancia de Raíces no terminó con su estreno. En 1955 recibió el Premio de la Crítica Internacional en el Festival de Cannes y Benito Alazraki obtuvo el Ariel a Mejor Dirección, reconocimientos que ayudaron a colocar la película mexicana en el radar internacional.

Su importancia también está en la manera en que fue concebida. Raíces es considerada una obra pionera del cine indigenista mexicano y uno de los primeros ejercicios del cine independiente en México, en una época en la que las grandes producciones y las figuras de la industria dominaban buena parte del panorama cinematográfico.